Lucas jamás imaginó que, después de quince años, volvería a casa y encontraría a su hija en ese estado. Tras la muerte de su esposa quedó solo con Emilia y grandes deudas.
Dejó a su hija con su hermana Claudia y se fue a trabajar al extranjero. Enviaba dinero creyendo que Emilia vivía feliz. Pero la verdad era cruel: la niña era explotada y creció creyendo que su padre la había abandonado.
Cuando Lucas regresó, la encontró limpiando el suelo, agotada.
— «¿Qué te hicieron?» susurró.
— «Papá… no tenía a dónde ir» respondió Emilia entre lágrimas.

En ese momento apareció Claudia en la escalera. Su mirada fría dejaba claro quién mandaba allí.
— « Emilia debería agradecer tener techo y comida », dijo sin emoción.
Lucas comprendió que había sido engañado. Pero también vio la fortaleza de su hija.
— « Nunca te abandoné. Ahora lo arreglaré todo ».
Cuando Emilia respondió:
— « Papá, quiero ser tu compañera »,
Lucas supo que empezaban una nueva vida juntos.
